Sunday, July 6, 2008

El Zopilotl y Yo

En algún lugar de la frontera se juntaron los azares.

Un soplo divino sobre las velas y a levantar anclas, para que los días nos desnuden de porvenires y tocatas en el alucine de la improvisación por las costas de Calafia.

Con algo así empezaría a hablar del Zopy, mi compañero de viaje, de viaje álgido y sin alas tejido. Con punto y cruz y algunos alcoholes y delirios y desveladas y ciudades con encantos rotos y decorados con el vaho de lo indecible. Arrecifes en la interestatal 5 de norte a sur y de sur a norte, rayoneadas con los verdes esmeralda, corolario imprescindible para calmar la ansiedad del azul en Big Sur y su fresca melancolía.

Con el toque anhelado, diría el Pancho Morales, el que nosotros cultivábamos en el atrio de los hechizos. Antiguo ceremonial de los harapos. Donde hurgábamos la raíz de un nuevo día, de otra pradera para recordarla antes de ver sus amarillos ocres y sus crinolinas de jade bautizándose en un mañana que es hoy. Justo al empezar a incendiarse el nuevo día, justo cuando la noche corría espantada al canto de los pájaros y los cucuyos iluminaban con puntitos el resto de la madrugada.

En aquellos tiempos no había noche que se cayera en un mundo al revés. Pharaoh Sanders entendía de estos tribales alucines y el cataclismo de sus notas reventaban como relámpagos y los mares coreaban en Si me ve por Fa mientras disminuían los chelos, entre un estertor barroco de panderos y tambores de Maruecos.

El Zopy encontró en la Habana la huella de su espíritu. Mitad lépero, mitad alfil de James Joyce. El yo como él o él como yo en la cuerda que la vida jala de la frontera. Ni de aquí ni de allá, sosteniendo argucias para no ser Chicano, ni Pocho en la capirotada de las culturas. Como antropólogo el Zopy jalo para Chiapas, ahí adquirió su linaje Tzotzil. Lo demás es una tómbola como canta Manu Chao. Abría sus alas y alzaba vuelo, se posaba en el techo de las tramoyas y empezaba su graznido “fuga 8 requiem for you”. Bilingüe, bicolor, bicultural, binario y bisonte amaestrado. El caos perfecto con bemoles cromáticos. Con sístole y ritmo sincopado, diástole con la nota azul. Le dimos vuelta a los recovecos de las tocatas. De San Francisco a Ensenada, de Tecate a Alburqueque, Santa Fe, Alcalde en las altas montañas de Nuevo México y sus pinares devolviendo al cielo su reflejo en otro mar azul.

Los performances los empezamos a hacer en El Ruse Theater de San Diego a finales del siglo veinte. El tan ilustrado “sitúasionismo francés” que establece la utilización de los recursos en un determinado momento histórico, así como la incorporación de cualquier elemento disponible del entorno inmediato, los cuales son parte de la escenografía natural, ya lo hacíamos el Zopy y yo con el nombre de Tocatas.” Nos faltó patentarla en Tecas” dice el Zopy, mientras avienta una rolita de John Coltrane.

Con el Zopy descubrí que no era el único hijo de Adán recorriendo estas ciudades infestadas de fantasmas. Empezamos a hacer tocatas en el troley y en taquerías de la región. Man-Tek-Ozo fue un intérprete vital de la frontera y ariete para navegar en los laberintos de la obsidiana austral. Al Ruse llegaban peregrinos del mar del norte, vikingos y amantes delirantes de la luna, todo en un batido de vudú. El Jim French era otro de estos hijos de la opción múltiple. Creador de instrumentos de viento y tradiciones del quantum musical. Vikingo por antonomasia y curador del Sinacuichy Huichol. Brebaje para atemperar los aromas de la luna en celo que se paseaba por el Malecón. El Jim fue bien recibido en la comunidad Kiliwa. Recuperó una pipa sagrada copeándola al verla en un magazine. El Zopy y yo coloreamos de intensidades tornasoladas al olor de la vainilla y la canabis. Rito de unidad y descalabro. Incienso en la iglesia “A la Bio a la Bao” buscando otras resonancias, flash backs de varios veranos del 68 en diversas lenguas y en igualdad de resoluciones.

El Zopy y yo sabíamos lo que es surcar el cielo sin avión, con la fenomenología que cura bisagras y afina al charquito del arrabal para que invoque al pedacito de luna que se remoja en él. El Sinacuichy era como una burbuja de jabón donde nos introducíamos con percusa, clarinetes y spoken word; jarabe para el olvido y jazz para ambientar el strep tease de una luna enamorada de nuestro rodar desde Tijuana a Ensenada y de Ensenada a

otro amanecer.

1 comment:

Mr. Beedle said...

Que onda?, carnal. It has been awhile since I have talked to you. Zopi came by earlier this week and gave me your blog. I have tried to call you, but I have not been able to reach you and I don't know where I put your Tijuana number. Well, anyway, I have played bass with Augusto a few times lately. I have been spending some time playing the drums also. I am really getting into the drums. How is my guitar doing? It would be nice to see it again. Your picture looks very familiar, El zopilote siempre esta con nosotros. We should play sometime soon. Do you still have that PA? I don't know if you have seen my new place. It is just one block away from where I used to be. Let's get together.

Beedle